¿Te has puesto a pensar qué pasará cuando llegues a los 70 u 80 años? Probablemente, la imagen mental que te vino a la cabeza está bastante alejada de la realidad que deberíamos aspirar a construir.

En un país donde históricamente no se habla mucho de lo que significa envejecer, es hora de dar un giro de 180 grados a nuestra forma de entender la «segunda mitad de la vida». Hoy, no solo vivimos más años; el verdadero desafío es vivir mejor.

El regalo (y el reto) de los 5.000 días extra

Nuestra generación y las que nos anteceden tienen algo que nuestros abuelos no tuvieron: aproximadamente 5.000 días más de vida gracias al aumento de la longevidad. Pero, ¿de qué sirve sumar años si la calidad de vida decae?

El problema es que la sociedad nos ha programado para pensar que envejecer es sinónimo de quedarse sentado frente al televisor, al cuidado de un familiar estresado o de una empleada doméstica con la que apenas se cruzan un par de palabras al día. Esa falta de estímulos hace que las personas, literal y tristemente, se vayan apagando.

¿El antídoto? La socialización. Sorprendentemente, mantener vínculos activos y vivir en comunidad incide en la longevidad y el bienestar mucho más que la propia movilidad física.

Un cambio de paradigma: Del «asilo» al modelo centrado en la persona

Por mucho tiempo, el estándar de cuidado ha sido el modelo asistencialista: el médico o la enfermera dicen lo que hay que hacer y el adulto mayor simplemente acata. Pero, ¿dónde queda la voz de la persona?

Hoy, las mejores prácticas a nivel mundial (y que felizmente ya están asomando en Paraguay a través de iniciativas innovadoras) apuntan a un modelo centrado en la persona. Esto significa:

  • Escuchar: Preguntarles cómo quieren ser cuidados y cómo quieren vivir.
  • Actividad constante: Ofrecer espacios de estimulación cognitiva y física (desde yoga hasta arte y baile) adaptados a sus ritmos.
  • Respeto a su identidad: Tienen un nombre y un apellido. Llamar «abuelito» a un señor de 75 años que no es tu familiar no es un acto de cariño, es una infantilización que a muchos, con justa razón, les molesta.

La «Silver Economy» y el tabú de la herencia

Hay dos factores económicos que no podemos seguir ignorando.

Primero, el peso cultural de la herencia. En nuestra sociedad, existe la idea de que los padres deben conservar su casa o su patrimonio intacto para dejárselo a los hijos. Sin embargo, en muchas partes del mundo se utilizan figuras financieras (como la hipoteca inversa o la nuda propiedad) que permiten a los adultos mayores usar su patrimonio para costearse unos últimos años de vida excelentes, sin depender económicamente de nadie.

Segundo, la economía plateada (Silver Economy). Estamos ignorando a un sector de la población gigante que está jubilado, no tiene responsabilidades de crianza y busca servicios. Desde ropa diseñada para sus necesidades hasta excursiones turísticas pensadas con un ritmo más pausado, hay un mundo de oportunidades de mercado y de generación de bienestar que todavía no estamos viendo.

No se trata de «tirar» a un familiar, se trata de calidad de vida

Delegar el cuidado de un padre o una madre a profesionales o espacios dedicados (como los centros de día o residencias modernas) suele venir cargado de culpa. Pero debemos entender que buscar apoyo no es abandonar.

Cuando el adulto mayor tiene rutinas, socializa con sus pares y recibe atención especializada, la dinámica familiar mejora drásticamente. Las visitas se convierten en momentos para disfrutar, tomar un café y compartir, en lugar de ser un espacio de estrés y reclamos.

Es momento de prepararnos. No esperemos a que la pirámide poblacional se invierta por completo para reaccionar. Empecemos hoy a construir el país en el que todos, tarde o temprano, vamos a querer envejecer.

Este es el mensaje transmitido por Claudia Quevedo en el podcast Switch del canal La Tribu, aquí te compartimos el episodio completo para verlo y compartirlo con más gente de Paraguay…

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